
Por Danilo Araya A.(para ¨Sin Barreta¨, revista de la Universidad de Chile (QF,sociologia y literatura) )
De la televisión ya se ha dicho casi todo, pero no lo suficiente para explicar el… misterio que encierra nuestra fascinación hacia esta ; nuestras dudas en torno a la realidad de la televisión son de verdad inagotables : ¿ es la televisión un electrodomestico ideológico?, ¿Cómo nos influye? , ¿ nos determina como sociedad?
¿ que secuelas deja en nosotros? , ¿Como seria el mundo sin el influjo televisivo?, ¿es simplemente el chicle de nuestros ojos? ¿ será la Internet quien derroque su hegemonía? etc.
Mi empresa será desmantelar los secretos que envuelve la orgánica del fenómeno televisivo, fijando vuestras miradas, ya no solo en el mensaje, sino en la bursátil oferta de “todo para tus ojos” de la cual somos sus principales accionistas, oferta que nos pone en competencia con la realidad no televisiva.
¿Cuántas horas de lectura placentera o de esparcimiento hemos derrochado privilegiando eternas sesiones de televisión? Durante nuestra niñez , la disposición familiar cumple un rol vital en nuestro apego con la televisión; series animada sucediéndose unas a otras tranquilizaban nuestros vértigos infantiles , dando espacio a nuestros padres para sus quehaceres personales. Y el colegio, ¿ no me negaran ustedes lectores las incontables charlas en torno a los programas mas populares de la televisión que sosteníamos con nuestros compañeros de curso? ¿ acaso no recuerdan el grado tal de éxtasis que alcanzábamos al explicar, por ejemplo, la jugada maravillosa e irrepetible de tal o cual jugador en la final televisada del campeonato mundial? Exonerar a un niño de la televisión significa condenarlo a la marginalidad, ¿pueden imaginar el daño moral y espiritual que significo para un adolescente el privarlo del show de los Beatles o The doors en el Show de Ed Sullivan ? Tales son los ribetes que puede alcanzar la “cultura de la imagen”, capaz de convertirnos en “autistas urbanos”, o como llaman los pensadores posmodernos, “individualismo contemporáneo”.
La televisión es capaz de convertir cualquier ambiente en el punto de fuga de todas las miradas debido a su increíble poder hipnótico. Este poder de sugestión se basa en la luz de sus imágenes. . Para ver cualquier programa de televisión, digamos, “ SABADO GIGANTE”, por ejemplo, es menester un esfuerzo de concentración y de procesamiento de señales muy por encima de nuestras condiciones naturales de observación .Esto se debe a que la tasa con que se procesan los destellos (de la imagen televisiva)entre el cerebro y los elementos de la retina es a razón de 30 o mas veces por segundo, tres veces superior a lo normal . Si a ello le añadimos una prolongada permanencia frente al televisor, los síntomas de hipnosis y enajenación pueden hacerse patentes, pudiendo inclusive, dar origen a ataques de epilepsia.
La televisión sin duda ha modificado nuestra mirada hasta el punto de confundir lo real de lo aparente. Lo que hoy se comprende por “imagen “no se parece en nada a lo q los filósofos griegos, como Platón, concebían por representación de lo real. Por ejemplo, si vemos a Antonio Vodanovic sobre la Quinta Vergara por la pantalla de un televisor, no es precisamente a Antonio Vodanovic a quien vemos, sino su imagen virtual
procesada en nuestra retina y nuestro cerebro como una suerte de simulacro, pues según los platónicos, solo Vodanovic es Vodanovic (nota: recordar “La Caverna “ de Platón) . Sin embargo , lo que hoy en día la televisión hace no es presentar la imagen como lo falso, sino como una “neorealidad” , reconstruyendo la realidad con un atuendo nuevo Por ello la televisión es un instrumento enajenante, puesto que borra la diferencia entre la realidad y la ficción, síntoma evidente de la posmodernidad.
Junto con ofrecer una nueva realidad, la televisión ha polinizado una nueva concepción de la temporalidad (espacio-tiempo) , y de paso, nos ofrece una nueva manera de experimentar el presente. Con la tv se produce una reducción radical de los tiempos al presente, y junto a ello, una reducción del espacio al ámbito local. Todo sucede ahora y acá , todo es instantáneo y sucede “in situ”, dándonos la sensación de “estar alli”.Es por ello que la televisión se fragua como el medio participativo por antonomasia, un medio que nada tiene que ver con lo visual, sino con lo táctil. Cuantas veces nos ha sucedido que sentimos una extraña sensación de proximidad y familiaridad con los personajes que aparecen en la pantalla, pues la tv trastoca nuestra dimensión sensorial. Es un tipo de contacto virtual , pero contacto al fin. Lo mismo sucede, por ejemplo, cuando se llega a Nueva York, que pese a ser uno totalmente forasteros en ella, una vez ahí, no nos parece un medio desconocido, sino todo lo contrario, ¿Por qué? Simple: las horas pasadas viendo incontables series y películas de lo mismo ( la habitual pareja de policías neoyorkinos, uno negro, el otro blanco , los taxis amarillos, las limusinas, las calles húmedas, sus suburbios, las luces , sus edificios, y tantos otros signos inconfundibles) . Eso mismo que vemos en televisión se traduce como parte de nuestra experiencia real y corriente.
¿Se han fijado ustedes lectores que en la televisión todo se repite? Las entradillas de los programas, los anuncios publicitarios, las “cortinas” musicales de los programas, los gestos del hombre del tiempo, todo, todo se repite. La redundancia, la re-duplicación de la realidad convierte al medio televisivo en el arma involuntaria de la defensa del orden dominante, alimentando el status quo: nada se critica en ella, todo se reproduce, se deja tal cual. Esto compensa el carácter acotado y pobre de esta nueva realidad a la que hemos hecho hincapié. Todos estos aspectos han dado tregua a ciertos poderes facticos para emplear la tv como “el medio mas poderoso de control y manipulación” con fines explícitos e implícitos, pero este tema en otra oportunidad será abordado.
La televisión solo copia la realidad (no interpreta, analiza, ausculta, examina) , y la retrata con todas sus bellezas y fealdades, sus miserias y riquezas, es por ello que es nuestro espejo, el espejo de la sociedad, nos gustemos o no cuando nos miramos en ella.
Y así como esta se encarga de retratarnos siempre iguales, cuando miramos televisión somos, del mismo modo, todos iguales, todos igualmente intrascendentes e insignificantes. Nos reproduce sin matices, refleja la sociedad en la que vivimos, pero no solo como la imaginamos, sino como queremos que sea.
Les propongo , estimados lectores, una vez que hayan concluida esta lectura , recorrer las calles de su barrio (en especial de noche) , y de seguro corroboraran que todo el mundo tiene la bendita maquina encendida a la misma hora, reconocerán cientos de televisores saliendo por las ventanas, lo cual les dará a entender que todos los hogares, todas las familias se reúnen en torno al mismo fuego, este nuevo fuego de la posmodernidad bajo el cual se alumbra el reino.
De la televisión ya se ha dicho casi todo, pero no lo suficiente para explicar el… misterio que encierra nuestra fascinación hacia esta ; nuestras dudas en torno a la realidad de la televisión son de verdad inagotables : ¿ es la televisión un electrodomestico ideológico?, ¿Cómo nos influye? , ¿ nos determina como sociedad?
¿ que secuelas deja en nosotros? , ¿Como seria el mundo sin el influjo televisivo?, ¿es simplemente el chicle de nuestros ojos? ¿ será la Internet quien derroque su hegemonía? etc.
Mi empresa será desmantelar los secretos que envuelve la orgánica del fenómeno televisivo, fijando vuestras miradas, ya no solo en el mensaje, sino en la bursátil oferta de “todo para tus ojos” de la cual somos sus principales accionistas, oferta que nos pone en competencia con la realidad no televisiva.
¿Cuántas horas de lectura placentera o de esparcimiento hemos derrochado privilegiando eternas sesiones de televisión? Durante nuestra niñez , la disposición familiar cumple un rol vital en nuestro apego con la televisión; series animada sucediéndose unas a otras tranquilizaban nuestros vértigos infantiles , dando espacio a nuestros padres para sus quehaceres personales. Y el colegio, ¿ no me negaran ustedes lectores las incontables charlas en torno a los programas mas populares de la televisión que sosteníamos con nuestros compañeros de curso? ¿ acaso no recuerdan el grado tal de éxtasis que alcanzábamos al explicar, por ejemplo, la jugada maravillosa e irrepetible de tal o cual jugador en la final televisada del campeonato mundial? Exonerar a un niño de la televisión significa condenarlo a la marginalidad, ¿pueden imaginar el daño moral y espiritual que significo para un adolescente el privarlo del show de los Beatles o The doors en el Show de Ed Sullivan ? Tales son los ribetes que puede alcanzar la “cultura de la imagen”, capaz de convertirnos en “autistas urbanos”, o como llaman los pensadores posmodernos, “individualismo contemporáneo”.
La televisión es capaz de convertir cualquier ambiente en el punto de fuga de todas las miradas debido a su increíble poder hipnótico. Este poder de sugestión se basa en la luz de sus imágenes. . Para ver cualquier programa de televisión, digamos, “ SABADO GIGANTE”, por ejemplo, es menester un esfuerzo de concentración y de procesamiento de señales muy por encima de nuestras condiciones naturales de observación .Esto se debe a que la tasa con que se procesan los destellos (de la imagen televisiva)entre el cerebro y los elementos de la retina es a razón de 30 o mas veces por segundo, tres veces superior a lo normal . Si a ello le añadimos una prolongada permanencia frente al televisor, los síntomas de hipnosis y enajenación pueden hacerse patentes, pudiendo inclusive, dar origen a ataques de epilepsia.
La televisión sin duda ha modificado nuestra mirada hasta el punto de confundir lo real de lo aparente. Lo que hoy se comprende por “imagen “no se parece en nada a lo q los filósofos griegos, como Platón, concebían por representación de lo real. Por ejemplo, si vemos a Antonio Vodanovic sobre la Quinta Vergara por la pantalla de un televisor, no es precisamente a Antonio Vodanovic a quien vemos, sino su imagen virtual
procesada en nuestra retina y nuestro cerebro como una suerte de simulacro, pues según los platónicos, solo Vodanovic es Vodanovic (nota: recordar “La Caverna “ de Platón) . Sin embargo , lo que hoy en día la televisión hace no es presentar la imagen como lo falso, sino como una “neorealidad” , reconstruyendo la realidad con un atuendo nuevo Por ello la televisión es un instrumento enajenante, puesto que borra la diferencia entre la realidad y la ficción, síntoma evidente de la posmodernidad.
Junto con ofrecer una nueva realidad, la televisión ha polinizado una nueva concepción de la temporalidad (espacio-tiempo) , y de paso, nos ofrece una nueva manera de experimentar el presente. Con la tv se produce una reducción radical de los tiempos al presente, y junto a ello, una reducción del espacio al ámbito local. Todo sucede ahora y acá , todo es instantáneo y sucede “in situ”, dándonos la sensación de “estar alli”.Es por ello que la televisión se fragua como el medio participativo por antonomasia, un medio que nada tiene que ver con lo visual, sino con lo táctil. Cuantas veces nos ha sucedido que sentimos una extraña sensación de proximidad y familiaridad con los personajes que aparecen en la pantalla, pues la tv trastoca nuestra dimensión sensorial. Es un tipo de contacto virtual , pero contacto al fin. Lo mismo sucede, por ejemplo, cuando se llega a Nueva York, que pese a ser uno totalmente forasteros en ella, una vez ahí, no nos parece un medio desconocido, sino todo lo contrario, ¿Por qué? Simple: las horas pasadas viendo incontables series y películas de lo mismo ( la habitual pareja de policías neoyorkinos, uno negro, el otro blanco , los taxis amarillos, las limusinas, las calles húmedas, sus suburbios, las luces , sus edificios, y tantos otros signos inconfundibles) . Eso mismo que vemos en televisión se traduce como parte de nuestra experiencia real y corriente.
¿Se han fijado ustedes lectores que en la televisión todo se repite? Las entradillas de los programas, los anuncios publicitarios, las “cortinas” musicales de los programas, los gestos del hombre del tiempo, todo, todo se repite. La redundancia, la re-duplicación de la realidad convierte al medio televisivo en el arma involuntaria de la defensa del orden dominante, alimentando el status quo: nada se critica en ella, todo se reproduce, se deja tal cual. Esto compensa el carácter acotado y pobre de esta nueva realidad a la que hemos hecho hincapié. Todos estos aspectos han dado tregua a ciertos poderes facticos para emplear la tv como “el medio mas poderoso de control y manipulación” con fines explícitos e implícitos, pero este tema en otra oportunidad será abordado.
La televisión solo copia la realidad (no interpreta, analiza, ausculta, examina) , y la retrata con todas sus bellezas y fealdades, sus miserias y riquezas, es por ello que es nuestro espejo, el espejo de la sociedad, nos gustemos o no cuando nos miramos en ella.
Y así como esta se encarga de retratarnos siempre iguales, cuando miramos televisión somos, del mismo modo, todos iguales, todos igualmente intrascendentes e insignificantes. Nos reproduce sin matices, refleja la sociedad en la que vivimos, pero no solo como la imaginamos, sino como queremos que sea.
Les propongo , estimados lectores, una vez que hayan concluida esta lectura , recorrer las calles de su barrio (en especial de noche) , y de seguro corroboraran que todo el mundo tiene la bendita maquina encendida a la misma hora, reconocerán cientos de televisores saliendo por las ventanas, lo cual les dará a entender que todos los hogares, todas las familias se reúnen en torno al mismo fuego, este nuevo fuego de la posmodernidad bajo el cual se alumbra el reino.
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