
Deseo contar algo un poco idiota: cuando usted se encuentra en un cementerio – es un hecho banal -, y usted ve que un amigo, con quien ha reído hace dos o tres días, ha desaparecido sin rastro, ¿cómo puede uno aún después de aquello edificar un sistema? Para mí, ¡es inconcebible!. Uno de mis conocidos, a quien quise mucho, un judío polaco con rasgos neandertales, hombre muy simpático e interesante, con quien me reía mucho de todo – era además más nihilista que yo – el hecho de estar ante su tumba, para mí era, ¿cómo decir...? Esto es banal, todo el mundo ha experimentado esta sensación... Pero cuando se traduce aquella experiencia en Filosofía - ¿cuál es la conclusión? La conclusión es esta: el mismo nihilismo es un dogma. Todo es ridículo, sin sustancia, pura ficción. He ahí por lo que no soy un nihilista, porque la nada es aún un programa. En la base, todo es sin importancia. Nada existe más que en la superficie, todo es posible, todo es drama.
Claro que existe el amor – soy a menudo cuestionado: ¿Cuándo todo ha sido adivinado, perforado con la mirada, cómo puede uno aún enamorarse de quien sea? No obstante, eso llega(...). Es lo mismo que hay de verdadero y de interesante en la vida. Deseo terminar esta reflexión con un toque optimista: la vida es realmente interesante y atractiva, porque, por debajo de todo, no tiene sentido. Y, a este respecto, yo doy siempre este ejemplo: uno puede dudar absolutamente de todo, afirmarse como un nihilista, y sin embargo caer enamorado como el más grande de los idiotas. Esta imposibilidad teórica de la pasión, que la vida real no cesa de burlar, hace que la vida tenga cierto encanto, indiscutible, irresistible. Uno sufre, uno se ríe de sus sufrimientos, uno hace lo que quiere, pero esta contradicción fundamental es quizá finalmente lo que hace que la vida valga aún la pena de ser vivida...”
Claro que existe el amor – soy a menudo cuestionado: ¿Cuándo todo ha sido adivinado, perforado con la mirada, cómo puede uno aún enamorarse de quien sea? No obstante, eso llega(...). Es lo mismo que hay de verdadero y de interesante en la vida. Deseo terminar esta reflexión con un toque optimista: la vida es realmente interesante y atractiva, porque, por debajo de todo, no tiene sentido. Y, a este respecto, yo doy siempre este ejemplo: uno puede dudar absolutamente de todo, afirmarse como un nihilista, y sin embargo caer enamorado como el más grande de los idiotas. Esta imposibilidad teórica de la pasión, que la vida real no cesa de burlar, hace que la vida tenga cierto encanto, indiscutible, irresistible. Uno sufre, uno se ríe de sus sufrimientos, uno hace lo que quiere, pero esta contradicción fundamental es quizá finalmente lo que hace que la vida valga aún la pena de ser vivida...”
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